Donna me prega

Este blog se declara católico, tal vez con cierto aire estoico. Defiende la simplicidad, el silencio y la contemplación.
Quiere ofrecer reflexiones, opiniones y lecturas a personas atentas a la vida del espíritu y de la cultura.

viernes, 8 de diciembre de 2017

La religión de Thomas Browne.



El alquimista,
David Teniers el Viejo (1640)

Hace unos meses Ander Mayora me sugería la lectura de Religio medici (1642) del médico inglés Thomas Browne (1605-1682). He ido retrasándola -mejor dicho, sincopándola- por diversas razones íntimas. Como hemos acabado la octava en la memoria de los mártires ingleses, ha llegado el momento de que me enfrente a una obra rara, en toda la amplitud del término. De algún modo secreto, como si sus páginas presumiesen las consecuencias de su alquímica melancolía, percibo en ellas un pórtico flemático a las tensiones revolucionarias de las guerras de religión de la época. ¿Son capaces, todavía, de atraer la acusación de papistas como de ser incluidas en el Índice?

Como hacía mi padre cuando el diagnóstico y la etiología de una enfermedad se le enmarañaban a la hora de la prescripción facultativa, he acudido a mi vademécum de anglofilia. Y, oh sorpresa, Ignacio Peyró escamotea al lector una de sus sabias digresiones sobre la figura esfumada de un ignoto y admirado cirujano de provincias que anticipaba, con su incisivo estilo -una especie de Montaigne acodado en un pub de la campiña-, esas elegantes y paradójicas transacciones morales y sociales que han caracterizado el liberal espíritu conservador inglés.

Como de los maestros siempre se aprende, de igual modo que el autor de Pompa y circunstancia se asomaba indirectamente, en un gesto taraceado de exquisito bizantinismo, a Samuel Johnson a través de la Vida de James Boswell, ¿por qué un desdibujado stilnovista como yo no podría tener el desparpajo de avanzarse al encuentro de Browne entre las líneas fieras y simpáticas que Johnson dedicó al físico de Norwich en Christian Morals (1756)?

Son deliciosos los párrafos en que Johnson se burla amablemente de todas las gentiles excusas que Browne tramó para recusar como no autorizada la primera edición de Religio Medici y así defenderse de las críticas del católico Sir Kenelm Digby. En sus réplicas asistimos a los ejercicios serios y retóricos de dos excéntricos gentlemen campestres. ¿Cómo no sucumbir hechizados entonces al juicio crítico de Johnson?: “No pronto Religio Medici apareció publicada que excitó la atención del público, por la novedad de sus paradojas, la dignidad de sentimiento, la rápida sucesión de imágenes, la multitud de abstrusas alusiones, la sutileza de disquisición y la fuerza de su lenguaje”.

A mí, anacrónico, me ha atraído más bien el extravagante y certero perfil teológico que Browne ofrece de su personalidad. La autobiografía taquigráficamente señalando a su lector que compuso su obra a los treinta años, la edad con la que, a su juicio, Adán fue modelado por Dios. En la cima de su vigor el adánico Browne da nombre a sus ideas y a sus opiniones. Cultiva así su obra como un jardín melancólico en el que, con el elegante descuido destallado que requiere la buena educación, se protege y refugia del fragor de la Caída. Atemperada por la lejanía de su escritorio, ésta resuena en el fondo de sus líneas.

A un lector posmoderno, fascinado por los laberintos y las bibliotecas de Borges, la obra de Browne le seguirá excitando por su eclecticismo y por su impetuosa sobriedad literaria y erótica. En su escritura destellan los reflejos herméticos de su profesión médica. A media distancia, la religión de Browne se aparece como la de un naturalista atento a los ecos trascendentes de un cosmos cifrado, mas no enigmático. A corta distancia, para una aguda vista cansada, es la suya la filosofía de un físico que ha probado el fruto del conocimiento y al que, sin embargo o por ello, no le pesa la muerte.

Como he entrado en la senectud según el cómputo de Dante, es este Browne oculto quien atrae más mi atención: “No presumo de nada, pero digo claramente que todos trabajamos contra nuestra propia curación: pues la muerte es la curación de todas las enfermedades”. ¿Acaso Browne sería en fin un epicúreo abatido? En absoluto. Si bajo alguna sombra descansa es la del Sirácida “que me dice que es vanidad malgastar nuestros días en la ciega búsqueda del conocimiento”. Para no incurrir en la vanidad de darse esta ciega razón, es preciso insistir en iluminarla.

Su Religio medici debería ser leída como un tratado natural de dogmática. Ante las ruinas humanistas y barrocas del orden medieval y escolástico sus dos partes tratan de la fe, la esperanza y la caridad. Ecos y reflejos de Dios, de la Creación, de la Redención y de la Escatología atraviesan sus secciones. En su fragmentariedad aluden a la armónica nostalgia de un universo sacramental que la escritura testimonia sin poder restaurar ni reemplazar.

Explora en un mundo vasto y de fértil desolación la íntima dignidad que los retruécanos existenciales de la vida como sueño de la Resurrección conceden al ser humano. Browne, protestante, se resiste a abandonar el dulce consuelo de la comunión de los santos y la intercesión de vivos y difuntos: “Calificamos de muerte al sueño y, sin embargo, es el despertar el que nos mata, y destruye esos espíritus que son la casa de la vida”. 

Ante la angustia de nuestra caída, la felicidad consiste en la serena reflexión sobre la muerte que nos recuerda nuestra eterna corporalidad: “Este es el dormitivo que tomo al irme a la cama; no necesito más láudano que este para hacerme dormir; después de lo cual cierro los ojos sintiéndome a salvo, contento de despedirme del sol, y dormir hasta la Resurrección”. Nada trasluce desesperación en el pensamiento de Browne, sino la consciente seriedad del irresoluble drama humano de la Salvación.

Aquello que es la causa de mi elección considero que es la causa de mi salvación, y ello fue la misericordia y beneplácito de Dios antes de que yo existiera o de la fundación del mundo. «Antes de que Abraham existiese, era yo», es el dicho de Cristo; pero no deja de ser verdad en cierto sentido si lo digo yo de mí mismo, pues yo no sólo era antes que yo mismo, sino que Adán, es decir, en la idea de Dios, y en el decreto de ese sínodo celebrado desde toda la eternidad. Y en este sentido, digo, el mundo fue antes que la Creación, y tocó a su fin antes de tener principio; y así yo estaba ya muerto con anterioridad a estar vivo; y aunque mi tumba sea Inglaterra, el lugar de mi muerte fue el Paraíso, y Eva abortó de mí antes de concebir a Caín”.

(Thomas Browne, La religión de un médico)


Entre las páginas de Browne creo atisbar las sombras elíseas de Hamlet y Segismundo en alegre conversación melancólica.

martes, 28 de noviembre de 2017

Epílogo del Anticristo, según Joseph Roth.



La predicazione dell'Anticristo,
Luca Signorelli (1499-1502)

... Todas las intimaciones escatológicas sobre el Apocalipsis que han sacudido con inusitada fuerza la conciencia europea desde el seísmo revolucionario de 1789 con sus réplicas aumentadas en las sucesivas revoluciones y guerras mundiales de los dos últimos siglos, encuentran un extraño eco, a mi parecer, en El Anticristo (1934), una obra menor y fallida, a la que sería injusto olvidar, del autor austriaco Joseph Roth (1894-1939).

viernes, 17 de noviembre de 2017

Preámbulo del Anticristo, con ecos de Vladimir Soloviev.



Retablo de todos los Santos,
Albrecht Dürer (1511)

En XXI Güelfos mi heterónimo seleccionaba la entrada “El Papado y el katéjon” como pórtico de su Purgatorio. En ella releía, todavía con una cierta ingenuidad, la seriedad escatológica con que el beato John Henry Newman comentaba, en su periodo anglicano, las profecías sobre el Anticristo. De los cuatro sermones que dedicaba a esta figura en 1835 escogió, no casualmente, el de “La ciudad del Anticristo”. En el fondo sostenía que Roma, entendida en el sentido a la vez metonímico y anagógico, político y místico, que había representado el Papado en la historia de occidente, ha encarnado una figura del katéjon, es decir lo que retenía la llegada del Anticristo.

martes, 7 de noviembre de 2017

El monasterio interior y el Jardín del Edén.



Lavatorio de pies,
Duccio di Buoninsegna (1308-1311)

Andaba cabizbajo hace unas semanas. Había visto anunciada una conferencia del abad de Montserrat en el Hotel Palace de Barcelona. Con la excusa social para un cóctel-almuerzo de ciertas élites sociales y empresariales, sus representantes acudieron, en el fondo, para plantear la pregunta que el abad deseaba oír sobre el papel político que le gustaría desempeñar en las actuales circunstancias de Cataluña. A mí, sin embargo, me dejó descorazonado el título de su conferencia: “Los monasterios hoy. ¿Parásitos o artífices de un nuevo humanismo?”. A una pregunta así, la respuesta, por más que se pretenda propositiva, no resulta obvia. ¿No será que el «nuevo humanismo» no basta como justificación de un ritmo y de un modo de vida que se consideran «parasitarios»?

viernes, 27 de octubre de 2017

Contra escuelas cristianas.



La Sagrada Familia y la educación de la Virgen,
Lucas Cranach el Viejo (1510-1514)

Lo siento mucho, Señor Ministro; mis escuelas han sido instituidas para dar a conocer a Jesucristo y el libro que Vd. me propone ¡ni lo nombra siquiera!” (Vble. Jean Marie de La Mennais a Monsieur de Salvady, Ministro de Educación de Francia, 1833).


Temo que esta entrada, polémica, será malentendida. Empezaré, pues, con una provocativa captación de benevolencia para despeñarme por el torturado sendero de la sátira. Pedagogos y delegados episcopales, leedme en los labios, porque emplearé esa palabra que no tenéis reparo en utilizar cuando creéis ser “inclusivos”: fui vuestro ¡C-L-I-E-N-T-E! y terminé muy descontento del servicio que estáis encantados de ofreceros.

martes, 17 de octubre de 2017

Tras la trilogía güelfa (y II).



Canto XXI, Paradiso,
Disegni per la Divina Commedia,
Sandro Botticelli (1480-1495)

Léon Bloy, platónico, anotaba en sus Diarios que “la voluptuosidad infinita, eterna, no será ver a Dios, sino volver a ver a Dios”. Cavalcanti, paulino, reconoce que “la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió” (Rom. 8, 20). Abatido, no vencido, hijo de Adán, observa que entre las delicias edénicas del Jardín y la ciudad celeste de Jerusalén resplandecerá por siempre la Cruz de Cristo. La tentación más fuerte que experimenta su escritura lo está empujando al pináculo milenarista del Templo (y del Tiempo) agónico que vivimos. De arrojarse, sabe que la misericordia de Dios, entre las lágrimas de sus ángeles, permitirá que su alma siga rebotando en cada una de las piedras con la que ha ido chocando. Pisoteada por los dragones y las víboras que anidan y reptan entre sus ruinas, no dejará de combatir, peregrina absoluta, las mentiras que las figuras contemporáneas del Anticristo han logrado imponer bajo el principio de no no contradicción. Tras ellas, impidiéndole de momento el paso, atisba los muros de su monasterio…

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viernes, 6 de octubre de 2017

Tras la trilogía güelfa (I).



Canto XXX, Purgatorio,
Disegni per la Divina Commedia,
Sandro Botticelli (1480-1495)

Por estas fechas, durante los pasados tres años, no he dudado en presentar cada uno de los volúmenes que han formado la Trilogía güelfa que mi heterónimo había ido componiendo como una minuciosa antología -¿un florilegio?- de las entradas de este blog. En los últimos meses, algunos lectores, irónicos y entusiastas, minoritarios, se han interesado por si aparecería una cuarta entrega o, expectantes e inquietos, por si no hubiera comenzado la etapa de extinción de esta aventura literaria. ¿Debo aclararlo? Sus planos son secantes. Los espíritus visivos de Donna mi prega engendraron un amor güelfo cuya dinámica cultural, teológica y estética se ha manifestado trinitaria. Como insinúan las notas de un inconexo diario que mi heterónimo me ha dejado hojear y espigar, aquella trilogía, como hipóstasis libre, independiente y personal en papel, ha iniciado el despliegue virtual de una peregrinación absoluta que no se agotará tampoco en sí misma…

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martes, 26 de septiembre de 2017

La poesía contemplativa de Cavalcanti.



Parnaso,
Rafael Sanzio (1510-1511)

Callejeando juntos cabe la Iglesia del Salvador en Sevilla y con el entusiasmo que adopta entre amigos la reconvención, Ignacio Trujillo animaba a mi heterónimo a que, si hubiera escrito poesía, reemprendiese la búsqueda de su ritmo personal. Por su entonación tuvo la certeza de que siente por la poesía un respeto sacramental. En su invitación parecía latir el horror sagrado ante el sacerdote que ha abandonado la celebración de los misterios de su fe. 

viernes, 15 de septiembre de 2017

Los diarios paliativos de José Antonio Llera.



Lección de anatomía del Dr. Deijman,
Rembrandt (1656)

Distante y correspondido, el aprecio civilizado ha marcado las puntuales relaciones entre José Antonio Llera (1971) y mi heterónimo. Tan alejados ideológica y vitalmente, sospecho que comparten, calcinada e irrenunciable, una misma vocación literaria que, forjada a fondo en la prosa acerada e imaginaria, derrotada, de sus estudios vanguardistas, explica por qué considero casi un deber reseñar Cuidados paliativos (Logroño, 2017), su reciente volumen de diarios.

martes, 5 de septiembre de 2017

El contrapesimismo de Oriol Quintana.



Filósofo en meditación,
Rembrandt (1632)

Tras una conversación circunstancial, que sospecho que resultó para ambos de una levedad tan estimulante como inquietante, Oriol Quintana (1974) nos hizo llegar un ejemplar de su Filosofía para una vida peor (Madrid, 2016), con la siguiente dedicatoria anónima: “Crec que aquest pot ser l’inici d’una llarga amistat”. En efecto, Quintana suele ensayar aquel rictus vesicular que Bogey esbozaba antes de perderse, sentimental y todavía sobrio, en la niebla de su libertad imprecisa. Me toca, pues, como reseñador, adoptar el papel, escandalizado, ¿inescrupuloso?, del Capitán Renault, dispuesto a la auténtica amistad de los mercenarios: apostar astuto a la ruleta de los principios. Nos convendrá, tal vez, perder.

viernes, 25 de agosto de 2017

Da pacem, Domine.



Apparizione di Cristo a porte chiuse,
Duccio di Boninsegna (1308-1311)

Pacem relinquo vobis, pacem meam do vobis; non quomodo mundus dat, ego do vobis. Non turbetur cor vestrum nec formidet” (Ioh. 14, 27)


Vuelvo a recorrer las calles conmocionadas, a ratos ralentizadas, en que un día antes me sorprendieron carreras repentinas y persianas de negocios súbitamente bajadas. Deambulo de nuevo en busca de una salida que distienda el peso del horror sin dejarse apresar ni por la melancolía ni por la indignación. Al silencio sobrecogedor que sigue a los gritos y a los nervios sólo puede sobrepasarlo una palabra que esté -y que venga- más allá de él. Y de la que carezco, a tientas.

martes, 15 de agosto de 2017

Stilnovismo claravalense.



Apparizione della Vergine a San Bernardo,
Filippino Lippi (1482-1486)

Entre esos detalles que azuzan la curiosidad intelectual de cada cual, hasta ahora parecía no haber encontrado la ocasión de aclararme por qué Rémi Brague, antes de emprender sus grandes ciclos de obras filosóficas, había organizado en 1990 un seminario sobre San Bernardo y la filosofía. En su contribución el autor de La sabiduría del mundo advertía que el debelador de Pedro Abelardo y de Gilberto de La Porrée, en apariencia tan poco amigo de la dialéctica, había afrontado el imperativo socrático de conocerse a sí mismo, aunque con un matiz singular: desvió su atención del verbo a su sujeto. El abad de Claraval habría cuestionado el “sí mismo” de los filósofos. Al orgullo de la divinización filosófica habría opuesto la humildad de la verdad en que uno se mueve. Concluía así Brague refiriéndose a la postura de san Bernardo: “El modelo de «sí» subyacente es el de una pura situación en la urgencia de una acción, de un puro límite del mundo, esencialmente frágil porque está constantemente amenazado hasta en su estatus de ser”.

viernes, 4 de agosto de 2017

La fuerza del silencio.



San Bruno y sus compañeros se encaminan a la Chartreuse,
Manuel Bayeu y Subías (2º mitad siglo XVIII)

El silencio no es el exilio de la Palabra. Es el amor de la Palabra única. La abundancia de palabras, por el contrario, es el síntoma de la duda. La incredulidad siempre es charlatana” (Cardenal Robert Sarah, La fuerza del silencio).


Emprendo con ciertos escrúpulos esta reseña de La fuerza del silencio (Madrid, 2017), el nuevo libro del Cardenal Robert Sarah (1945), Prefecto de la Congregación para el Culturo Divino y la Disciplina de los Sacramentos, con el periodista Nicolas Diat. El Cardenal Sarah, de quien el papa emérito Benedicto XVI, en el epilogo a la edición inglesa, ha elogiado su tarea al frente de la Congregación, ha escrito un formidable alegato espiritual en favor del silencio frente a la dictadura del ruido en la sociedad actual, la cual advierte en aquel un enemigo tanto más temible por invencible en su propia naturaleza.

martes, 25 de julio de 2017

El flamenco titánico de Lutgardo García.



The Spanish guitar,
Andre Kohn

Con respeto y temor me acerco a leer La llave misteriosa (Sevilla, 2017) de Lutgardo García Díaz (1979). Con temor, porque al flamenco, al que canta el autor un apasionado epilio, lo escucho poco y siempre con una inquietud conmovida, como si, tras el quejío, estuviera agazapada, incluso anunciada trágicamente, la rotura de la voz del cantaor. Con respeto, porque, más allá de folclorismos y de superficiales alusiones al duende, el flamenco acrisola, con un rigor milenario, el sentimiento más depurado de una inteligencia algebraica que requieren del oyente hondo, como es el caso ejemplar del autor, una profunda reverencia, dolida y festiva.

viernes, 14 de julio de 2017

Los amigos de la infancia.



Les Bergers d'Arcadie,
Nicolas Poussin (1628-1630)

Por más que fantasee con el reaccionarismo, mis raíces imaginarias brotan de una negación fundacional: el tiempo de la escuela. Jamás he añorado el espacio mítico del hogar materno del que me hubiera arrancado el período de escolarización obligatoria. En los últimos años de bachillerato resistí, asumiendo que aquel era un tránsito -castrador- hacia la (dudosa) libertad diurna. Tal vez por ello me haya negado obstinadamente a adoptar una profesión que me obligue a estar encerrado en un despacho o en un edificio durante una jornada de sol a sol. ¿Qué importancia puede llegar a tener el dinero y el prestigio a quien no ha dejado de desear sino residir en las estrellas? Puedo darme sólo ahora cuenta de que he llegado a construir mi pobre monasterio, apartado e ignorado, en la luminosidad de una incierta peregrinación, llena de noches y de abismos, guiada entre la niebla de los astros.

martes, 4 de julio de 2017

Humanismo monástico.



Alegoría de la obediencia,
Giotto (1320)


En una reseña que mi heterónimo ha publicado recientemente en Nueva Revista, con matices cistercienses y con reparos académicos, se ha hecho eco elogioso de la publicación de The Benedict Option (Nueva York, 2017) de Rod Dreher (1967). Supongo que temía y deseaba que, a mi regreso, hiciese la crítica de su crítica, apuntillando y desarrollando algunas de sus intuiciones, en contraste -y en sintonía- con el manifiesto en que el editor de The American Conservative ha sintetizado los planteamientos que ha venido exponiendo durante más de una década.

martes, 30 de mayo de 2017

Voi che savete ragionar d'Amore...



Psyque Opening the Door into Cupid's Garden,
John William Waterhouse (1904)

Hace un año cerraba aquel curso de este blog retirándome al lar de mi donna tolosana, donde ahora vuelvo a reclinarme herido y reposando. No imaginaba entonces, si no la profundidad, el efecto de perspectiva existencial que provocarían en mi heterónimo algunos cambios que él había anunciado y cuya huella se ha grabado en la carne de mi escritura a lo largo de estos meses.

martes, 16 de mayo de 2017

La misteriosa transparencia de José Mateos.



Homenaje a Velázquez, Las Meninas,
Ramón Gaya (1996)

Estoy dentro de tus ojos y miro a través de ellos, como asomado al barandal de tus pestañas. Ahora comprendo tu sonrisa: tu mirada ha sabido que son lo mismo misterio y transparencia” (José Mateos, Un año en la otra vida)


José Mateos (1963) es uno de esos poetas verdaderos que, al alcanzar el timbre exacto de su voz poética, indaga maravillado el origen de tal sonido. Otras canciones (Valencia, 2016), su último y aclamado libro de poemas, muchísimo más que un apéndice de Un año en la otra vida (2015), como con modestia lo presenta en el prólogo, es un ejemplo consumado de una búsqueda poética seguida hasta sus extremos más nítidos y deslumbrantes por un ejercicio sencillo de dificilísima depuración. Mateos atiende cada vez más denso las raíces de su gesto creador: el movimiento imprevisible y necesario de la palabra que descubre, entre los blancos de la respiración y del verso, el sentido precario, consciente y realísimo de la vida. Mateos no despoja su estilo… Lo modela en el aire.

martes, 2 de mayo de 2017

El hijo pródigo y el buen samaritano.



El buen samaritano (tras Delacroix),
Vincent van Gogh (1890)

Vine leyendo en un tren Escritos corsarios (1975) de Pier Paolo Pasolini (1922-1975), una recopilación de artículos de prensa que salió publicada apenas dos semanas después de su asesinato. A cualquier lector que se atreva a introducirse en unos debates cuyas referencias, históricas e italianas, se han desdibujado inevitablemente cuarenta años después, le seguirá resultando en su fondo más radical, pese a todo, un libro bronco, provocativo, a contracorriente, sin concesiones ni en los acuerdos ni en los desacuerdos.

martes, 18 de abril de 2017

Sócrates, Telémaco y... Proteo.



Jantipa mojando a Sócrates,
Reyer von Blommandale (c. 1655)

Hace un par de años reseñé en esta página un libro de Massimo Recalcati (1959) sobre la figura del hijo tras la muerte de Dios y del padre. ¿Desaparecía con ellos la posibilidad de sentido de la autoridad y también de la creación? Planteaba al final de aquella entrada si sería posible que Telémaco, huérfano, pudiera acabar desposando a Rut, la viuda moabita. En busca de ese posible encuentro he leído el libro posterior del psicoanalista italiano, La hora de clase. Por una erótica de la enseñanza (Barcelona, 2016) y he vuelto a topar con una respuesta ambivalente. Si se quiere entenderla, cabe embarcarse en la nueva aventura de Telémaco que no sale ahora tras los pasos míticos de su padre Odiseo sino tras las huellas históricas de Sócrates, su maestro por venir.

viernes, 7 de abril de 2017

Viernes de Dolores.



El Calvario de El Escorial,
Roger van der Weyden (c. 1460)

El sentido asturbritánico de las costumbres obligaba en mi familia paterna a celebrar el santo de mi abuela el Viernes de Dolores y el de mí tía el Sábado de Gloria. En nuestro sano juicio nadie ponía en cuestión que la Iglesia pudiese mover las celebraciones litúrgicas a una fecha fija del calendario. A la pulsión jurídica y racional de los experimentos romanos mi familia no oponía ningún sentimentalismo piadoso, del que siempre desconfiaba, sino el decoro de la buena educación que requiere, con la facilidad que proporciona la práctica continua, renovar cada acto a su debido tiempo. Como era el uno día de abstinencia y el otro de silencio litúrgico, bastaba una felicitación que aplazase a cualquier otro encuentro la excusa de celebrar ambas onomásticas.

martes, 21 de marzo de 2017

Las sandalias del Bautista.



San Juan Bautista,
Jacopo del Sellaio (1485)

“… qui autem post me venturus est fortior me est, cuius non sum dignus calceamenta portare…” (Mt. 3, 11).

A N. P., en Poblet

Durante años me apliqué, con pasión, a la meditación discursiva y con imágenes. He creído siempre que en el principio no hubo silencio. Tengo la paradójica certeza de que el silencio fue creado por la Palabra que ordenó el caos de ruidos en que se extendía la nada primordial, haciendo posible aquella escucha que, en el intervalo que formó la primera respiración, llama a Ser. Con la ayuda de los Padres del Desierto, jamás he acabado de comprender esa serena ansiedad que confunde combatir las distracciones que suelen atormentar las imaginaciones inquietas y reflexivas con vaciar la mente de pensamientos. La contemplación dichosa, que opera íntimamente fuera de nuestras fuerzas, trasciende toda quietud.

martes, 7 de marzo de 2017

Enrique García-Máiquez, tras puntos suspensivos...



Tejados de Madrid ,
Ramón Gaya (1961)

La novela es a nuestros diarios lo que la épica a las primeras novelas” (Enrique García-Máiquez, Rayos y truenos)

Enrique García-Máiquez acaba de publicar su tercer volumen de diarios. Tras Lo que ha llovido (2009) y El pábilo vacilante (2012), Un largo etcétera (2016) vuelve a espigar -y mucho más- las entradas que han ido apareciendo entre 2011 y 2016 en su blogg Rayos y truenos.

martes, 21 de febrero de 2017

Commedia dell'arte en una tarde musical.





Hace años que no acudo a una representación teatral porque, entre otras razones circunstanciales, me descorazona el método de declamación habitual en España. Rara vez he comentado en este blog obras teatrales, y, si lo he hecho, ha sido más en su dimensión literaria que no en la propiamente espectacular, con la relativa excepción de una entrada dedicada a la representación de una ópera mozartiana en Praga.

Por la sugerencia entusiasta del director dramático, me planté un par de semanas atrás en un pequeño local de Sant Vicenç dels Horts para asistir a la representación de Les Mis 24601, adaptación íntegra en catalán por un grupo amateur del famoso musical Les Misérables (1980), de Claude-Michel Schönberg, una de las cimas de ese subgénero operístico actualizado, popular y, puestos en plan exquisito, aún más vulgarizado que ha triunfado en el último tercio del siglo XX.

martes, 7 de febrero de 2017

La patria literaria de Fernando Aramburu.



Asando sardinas, Zarauz
Joaquín Sorolla (1910)

Me he acercado con prevención a la lectura de Patria (2016), la aclamada novela de Fernando Aramburu (1959) sobre las heridas sociales y políticas que afronta el País Vasco tras la declaración del cese de las actividades terroristas de ETA. Como estoy de acuerdo en que pretender que un novelista sea un historiador objetivo e imparcial es un debate tan inacabable como ineficaz, me conformaré con anotar al paso algunas reflexiones -y reservas- exclusivamente literarias sobre la novela de Aramburu.

martes, 24 de enero de 2017

Hans Urs von Balthasar en el Infierno de Dante.



Descenso de Cristo a los infiernos,
Duccio di Buoninsegna (1308-1311)

"Poscia: «Più non si va, se pria non morde, / anime sante, il foco: intrate in esso, / e al cantar di là non siate sorde»" (Purg. XXVII, vv. 9-11)

Confesaba hace un par de semanas mis inclinaciones ignacianas de juventud que me llevaron a leer, para preocupación de ciertos compañeros, algunos libros de Karl Rahner (1904-1984) y de Hans Urs von Balthasar (1905-1988). Los abandoné enseguida, por una mezcla de falta de preparación intelectual y de una personal sensación de frialdad. Guardo, no obstante, el recuerdo de una oración de Rahner, «Dios de mi Señor Jesucristo», como uno de esos textos que, aun vistos desde la distancia, acompañaron y sostuvieron realmente horas de abatimiento. En aquel desierto posconciliar, lleno de guitarras y de palmas, un peregrino debía beber hasta la savia de los cactus para no perecer de sed. Cada cual con su vocación…

martes, 10 de enero de 2017

Los sueños de san José.



El sueño de san José,
Georges de La Tour (1640)

Haec autem eo cogitante, ecce angelus Domini in somnis apparuit ei dicens…(Mt. 1, 20)

Con el P. Manuel Matos, S. J., comencé a aprender a leer la Biblia durante aquellos cortos retiros cuaresmales de fin de semana universitario. Posconciliar, el suyo seguía siendo el método ignaciano en un grado de pureza del que sensatamente debería haberme protegido. Con tres charlas de media hora tenía tiempo para lanzarme solo al pinar a meditar cuatro horas durante las que daba rienda suelta ante las Escrituras a mis fantasías, deseos y pánicos juveniles. Después el P. Matos intentaba sujetarlos con los tres binarios y los tres tiempos para hacer elección. A trompicones se forjó así, a contracorriente y en el fuego abrasador de la realidad, mi vocación de peregrino. Tan carente de maestros como buena parte de mi generación (a cambio de haber sufrido innumerables tutores, directores, jefes…), uno empieza a perdonar los olvidos de las figuras paternas cuando descubre lo difícil que será que tus hijos te perdonen, con sus errores, los que uno, dolorosos, suele perdonarse a la ligera. Estas líneas no son, pues, el recuerdo de un olvido, sino, liberador, su olvido.