Donna me prega

Este blog se declara católico, tal vez con cierto aire estoico. Defiende la simplicidad, el silencio y la contemplación.
Quiere ofrecer reflexiones, opiniones y lecturas a personas atentas a la vida del espíritu y de la cultura.

martes, 20 de septiembre de 2016

En el taller de Miguel d'Ors.


Saint Joseph charpentier,
Georges de La Tour (1645)

Mi heterónimo coincidió hace unos meses en Santiago de Compostela con Miguel d’Ors, que, amable, le agradeció una reseña entusiasta de este blog sobre sus Átomos y galaxias. Comoquiera que la cercanía física de los poetas que admira siempre le ha inquietado, como si fuese verdad que entre el poeta y la voz de sus poemas hubiese un hiato insalvable, se quedó paralizado. Como para amonestarle, le he dado a posteriori, ay, con el canto de una de las reflexiones -¿aforismo?- que d'Ors esculpe al principio de Todavía más virutas de taller (2009-2014) (Sevilla, 2015): “¿No será la timidez, a fin de cuentas, una forma de la soberbia?”. Para un stilnovista claravalense comprenderéis que la lectura de una frase así representa una mortificación de la dura.

martes, 13 de septiembre de 2016

Memorias de un güelfo desterrado.





Una trilogía güelfa no podría rescatar del olvido, aunque quisiera, una estética, una teología y una política. Antimoderno, mi heterónimo ha ido borrando cuidadosamente sus huellas para que resplandezcan, en medio de una noche más oscura, en las intuiciones y los deseos que han engendrado mi rostro. XXI Güelfos, Teología güelfa y ahora Memorias de un güelfo desterrado son el canto de una ausencia, moral y autobiográfica. Así tal vez logren aplacar el fantasma que evocan describiendo, vívido e irónico, su tiempo del amor. Como esperanza escatológica, la palabra güelfo, ignorada y audaz, estará ya asociada a la apuesta editorial de Vitela.

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martes, 6 de septiembre de 2016

El espectro de Jorge Semprún.



"A cada uno lo suyo"
Verja de entrada al campo de Büchenwald

A mi hija mayor, ya en la adolescencia, he conseguido inocularle definitivamente durante este verano el virus lector, o al menos así quisiera creerlo. Por tradición familiar, empezó disfrutando de El hombre que fue Jueves (1908) de Chesterton. Desde mediada la novela ya sabía qué iba a pasar al final, pero no paraba de reír mientras comprobaba que sus sospechas se iban cumpliendo. Como está ingenuamente fascinada con el derecho y la historia (y que Ángel Ruiz, en nombre de FOC, me perdone), leyó después Matar un ruiseñor (1960) de Harper Lee. Puestos ya a desenmascararme como un reaccionario muy, muy tibio y sospechoso, devoró El guardián en el centeno (1951) de J. D. Salinger. O quizás no sea tan reaccionario: tal vez -me consuelo equivocadamente- haya sido una lección práctica de que, tras el Paraíso, sólo nos espera una prolongada Caída.

martes, 30 de agosto de 2016

Ante el sepulcro de Tarquinia.



Detalle de la Tumba del Triclinio,
Necrópolis de Tarquinia (s. V a.C.)

En un tren leí hace unos meses la reseña  que Antonio Lucas dedicaba a Memorias del estanque (Madrid, 2016) de Antonio Colinas (1946). Por su estilo, intensidad y admiración me vino a la memoria una tarde lluviosa de abril a fines de los ochenta en el Colegio Mayor Chaminade donde el autor de Sepulcro en Tarquinia daba un recital de poesía. Me había arrastrado hasta Metropolitano mi amigo completamente ateo que estaba tejiendo una imposible y atormentada historia de amor ayudado de los polisíndeta y epíforas de Colinas.

martes, 23 de agosto de 2016

En las fronteras de Francesc Serés.



Truck Full of Refugees,
Abb Marzouk (2011)


Comienzo con sinceridad: me ha costado leer La pell de la frontera (Barcelona, 2014), el excelente y aclamado libro de Francesc Serés (1972). Ese esfuerzo no es un reproche velado a las cualidades de una obra que, además de culminar explícitamente una de las trayectorias centrales del universo literario del propio escritor, será muy posiblemente una referencia de la renovación narrativa que parece estar produciéndose en los últimos veinte años en las culturas peninsulares.

martes, 16 de agosto de 2016

Las piedras celestes de Daniel Faria.



Eve bretonne ou mélancolie,
Paul Sérusier (1891)

Hace un mes, como por casualidad, asistí en un antiguo monasterio semiderruido a una sorprendente velada en que, tan ignorante, se me revelaba, por mediación de uno de sus amigos de estudios, José Rui Teixeira, la poesía de Daniel Faria (1971-1999), presentada y confirmada en España como una de las voces más singulares y relevantes de la reciente poesía portuguesa por medio de antologías como, por ejemplo, El arte de la pobreza (2011), de José Ángel Cilleruelo. Por fortuna, las tres obras mayores de Faria, que son inseparables de su entrada en el Monasterio de Singeverga, han comenzado a ser publicadas en castellano por Sígueme, en su primera apuesta editorial por el género de la poesía. En 2014 apareció Explicación de los árboles y de otros animales (1998). En 2015, Hombres que son como lugares mal situados (1998). Próximamente verá la luz el póstumo volumen De los líquidos (2000).

martes, 9 de agosto de 2016

Los dáimones tatuados de Ricardo Gil Soeiro.



Angelus Novus,
Paul Klee (1920)

Hace un par de años reseñaba en este espacio los dos primeros volúmenes poéticos de la Tetralogía palimpséstica que mi desconocido amigo Ricardo Gil Soeiro había publicado entre 2012 y 2013 con los títulos de Da vida das Marionetas y Bartlebys reunidos. Como una amistad literaria, por definición, está tejida de la materia del olvido, la ausencia de sus noticias me aseguraba que un proyecto poético tan ambicioso no sólo se culminaría, sino que habría de volver a encontrarlo ya terminado. A fin de cuentas, una lección de la poesía moderna consiste en que no hay más lector que el que llega, hipócrita y semejante, demasiado tarde. Me encuentro así por fin con otro volumen que recoge la tetralogía al completo, con los dos libros que faltaban entonces, Comércio com Fantasmas (2014) y Anjos Necessários (2015), bajo el título general de Palimpsesto (Oporto, 2016).